¡Habemus reforma! Jornada de 40 horas avanza con implementación gradual desde 2027

¡Vaya día el que se vivió en el Palacio Legislativo de San Lázaro! Se sentía en el aire ese olor a historia pura, de esas sesiones que uno sabe que van a terminar en los libros de texto. Y es que, después de tanta estira y afloja, la Comisión de Trabajo y Previsión Social, con el diputado Pedro Haces Barba llevando la batuta por Morena, soltó la sopa: la reforma al artículo 123 va, y va en serio. Se trata ni más ni menos que de la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales.

No es cosa menor, chilangos. Estamos hablando de una modificación al apartado A del artículo 123 que tenía más polvo que un archivo muerto. Desde 1917, cuando los constituyentes se aventaron la puntada de darnos derechos laborales, los límites de tiempo no se habían tocado con esta magnitud. Como bien dijo el diputado Haces en tribuna, han pasado más de 100 años y el mundo ya dio mil vueltas; la tecnología avanzó, pero nosotros seguíamos checando tarjeta como en tiempos de don Porfirio.

La noticia que hizo levantar la ceja a más de uno es el «cómo». No crean que mañana ya no van a trabajar los sábados. La cosa viene con calma, o como decimos en el barrio, «despacito que llevo prisa». El dictamen aprobado establece una ruta gradual que arranca formalmente en el 2027. Para ese año, la jornada bajará a 46 horas, y de ahí le irán bajando dos rayitas al reloj cada año hasta llegar a las ansiadas 40 horas en el 2030.

Esta gradualidad no es ocurrencia, sino un blindaje necesario. El legislador morenista fue claro al señalar que esta reforma es producto de un diálogo de sordos que, por fin, se volvieron oyentes: empresarios, sindicatos y gobierno. La idea es evitar que a las MiPyMEs, que son el 96% del tejido productivo y las que nos dan de comer a la mayoría, les dé un patatús financiero con un cambio de golpe y porrazo.

Por supuesto, la figura de la Presidenta Claudia Sheinbaum salió a relucir en el discurso. Se le reconoció la sensibilidad política para empujar este tema que, seamos honestos, era una papa caliente que nadie quería agarrar. Se destacó que la reforma fortalece el espíritu revolucionario del 123, pero actualizado al siglo XXI, alineándose con lo que ya hacen países como Chile o Colombia.

Un punto que hay que subrayar con marcatextos fosforescente es el candado salarial. El cuarto transitorio prohíbe terminantemente que esta reducción de horas signifique que te paguen menos. Aquí la premisa es «trabajar menos para vivir mejor», no para ganar menos. Se busca dignidad laboral, que el trabajador tenga tiempo para gastar lo que gana y convivir con la familia, algo que en esta ciudad caótica a veces parece lujo.

Haces Barba también le entró al quite con los datos duros para calmar a los nerviosos. Recordó que trabajar más horas no nos hace más productivos. De hecho, es al revés: estamos muchas horas en la oficina calentando el asiento, pero produciendo poco en comparación con los países de la OCDE. El modelo de «horas nalga» está agotado y es ineficiente.

El cierre del discurso fue un llamado a la unidad y a entender que esto es justicia social. Se habló de leyes secundarias que vendrán después para afinar los detalles, proteger a las pequeñas empresas e impulsar la tecnología. No se trata de cargarle la mano al patrón, sino de compartir responsabilidades en esta nueva etapa laboral.

Así que, queridos lectores, váyanse preparando. La maquinaria legislativa ya giró el engrane principal. La «Primavera de los Derechos Laborales» que inició en 2019 con el aumento al salario mínimo, hoy se corona con el tiempo, que es el recurso más valioso que tenemos. Como se escuchó en el recinto: ¡Es un logro del pueblo y para el pueblo!

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