Ni para atrás ni para agarrar vuelo. Este martes 24 de febrero de 2026, justo al cumplirse cuatro años del inicio de la invasión a Ucrania, el Kremlin soltó una declaración que deja a la comunidad internacional con el alma en un hilo: la ofensiva militar no se detiene. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, admitió en rueda de prensa que la «operación militar especial» continuará porque, a la fecha, Rusia no ha logrado «todos sus objetivos» en territorio ucraniano.
Frente estancado y bajas históricas
A pesar de la retórica oficial, los números pintan un panorama color de hormiga para Moscú. Medios independientes reportan que el ejército ruso ha perdido a más de 200,000 militares en este cuatrienio, una cifra que ya supera las bajas sufridas por la Unión Soviética durante su participación en la Segunda Guerra Mundial.
Aunque el gobierno de Vladímir Putin se anexionó sobre el papel cuatro regiones estratégicas en 2022, la realidad en las trincheras es otra. Actualmente, Kiev todavía mantiene el control de más de la quinta parte de Donetsk y un tercio de Jersón y Zaporiyia, lo que evidencia que el control total que busca el Kremlin está lejos de materializarse.
El factor de Occidente y la vía diplomática
Dmitri Peskov reconoció que lo que empezó como una campaña contra Kiev se transformó en un choque frontal contra Europa Occidental y Estados Unidos. Según el funcionario, la injerencia extranjera convirtió el conflicto en un «enfrentamiento mucho más grande» que busca debilitar a la federación.
Aun con las armas en alto, Rusia asegura que la puerta de la política no está cerrada con doble candado. «Nos mantenemos abiertos al logro de nuestros objetivos por medios político-diplomáticos», afirmó Peskov, aunque supeditó cualquier avance a las acciones del «régimen de Kiev«. Por ahora, una cuarta ronda de negociaciones con mediación estadounidense está en el aire, sin fecha ni sede confirmada.
Una sociedad rusa en transformación
Puertas adentro, el Kremlin presume una consolidación «fenomenal» de la sociedad en torno a Putin. Sin embargo, los datos duros de sondeos independientes revelan otra cara de la moneda: la mayoría de los ciudadanos rusos ya piden un cese urgente a las hostilidades. Tras 1,461 días de conflicto, el desgaste es evidente tanto en la economía como en el ánimo de un pueblo que ve cómo la guerra se alarga sin un final claro en el horizonte.